
Un día como hoy hace muchísimos años en una ciudad americana vivían dos hermanos muy inteligentes y perfectos a los que todo el mundo les admiraba por su sabiduría. Lo malo de estos niños era que lo querían saber todo y eso les podía traer problemas.
Era sábado, ocho de la mañana y David y Pablo, los dos hermanos, se despertaron muy ilusionados ya que esa noche era Halloween, incluso, despertaron a su padres antes de tiempo.
Desayunaron, se vistieron rápidamente, y sobre las nueve y media fueron a buscar a sus amigos para organizarlo todo para la noche.
Al encontrarse con sus amigos se pusieron manos a la obra, pusieron adornos por las calles, preperaron sus propios disfraces, compraron cestas para pedir caramelos... Todo estaba quedando perfecto.
Más tarde se fueron a comer, Pablo le pregunto a su hermano David:
-¿Cómo será el demonio?
-No lo sé.- respondió- A mi qué me cuentas, igual ni existe.
-¡Sí existe!, y quiero saber cómo es.-Exclamó David.
-Mira hermanito, haz lo que quieras, esta noche es la más apropiada para invocar espíritus.
-Vale, sin problema esta noche lo invocaré.
Después de comer, a las cuatro y media de la tarde, salieron un rato a jugar a la calle y más tarde se prepararon para la gran noche. Todo estaba listo y se fueron a buscar a sus amigos. ¡Que risas! Todos estaban geniales con los disfraces.
Estuvieron varias horas pidiendo dulces por las casas.
Recogieron tantos, que no pudieron comérselos todos y guardaron el resto para el día siguiente.
Al llegar a casa Pablo se acordó :
-Si tengo que invocar al demonio.
Y así fue, invocó a Satanás él solo en su habitación.
Dice la leyenda que fué tan horrible lo que vió que se tuvo que arrancar los ojos ya que no soportó lo que vió con ellos, además Pablo vaga por las calles quitando y buscando los ojos que él mismo se arrancó.
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